BLOG DIDÁCTICO DE JUAN CARLOS DONCEL (IES SIERRA DE SAN PEDRO. LA ROCA DE LA SIERRA, BADAJOZ)

Nacimiento del movimiento obrero en España (2ª mitad S.XIX - 1º tercio S.XX)


 Pablo Iglesias, fundador del PSOE en un mitín en defensa de la liberación de los presos de la Semana Trágica                 

Ligado al proceso de industrialización se desarrolló en España el Movimiento Obrero. Las nuevas ideas de la Primera Internacional Obrera habían penetrado en el país durante el Sexenio Democrático: en 1868 Fanelli, enviado por el dirigente anarquista Bakunin, había llegado a España para crear los primeros núcleos anarquistas; poco después llegaron también las ideas marxistas de la mano de Paul Lafargue, yerno de Marx.

De esta manera, al comenzar la Restauración las ideas del movimiento obrero ya eran conocidas en España, aunque será a partir de ahora cuando se extiendan y crezcan formándose las primeras organizaciones. A ello ayudó la llegada por primera vez del Partido Liberal al poder (1881), que permitió una mejora y ampliación de derechos y libertades y culminó en la promulgación de la Ley de Asociaciones de 1887, que permitió la legalización de partidos y sindicatos obreros.

Dentro del movimiento obrero coexistían dos ideologías, el anarquismo y el marxismo (socialismo científico). Las dos defendían los intereses de la clase trabajadora (obreros industriales y jornaleros agrícolas). Ambos denunciaban un mundo dominado por la lucha de clases, entre la clase propietaria (burguesía) que acaparaba la riqueza y la propiedad, y la clase no propietaria (el proletariado) que no tenía ni propiedades ni riqueza y trabajaba para la burguesía, que lo explotaba. Ambos defendían una sociedad sin clases, igualitaria y sin propiedad privada; pero entre ellos existían destacadas diferencias:

-Anarquismo: Rechazaban el Estado y el poder y por eso no participaban en política y en las elecciones. Optaban sólo por la organización de sindicatos y en 1881 fundaron en España la Federación de Trabajadores de la Región Española, que en 1910 fue sustituida por la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.). Su implantación fue especialmente fuerte en Cataluña y Andalucía. Parte de los anarquistas se radicalizó y pasó de la lucha sindical (huelgas y manifestaciones) a la acción directa y violenta. Frente a la represión del Estado, optarpn por el “terrorismo” que se cebará con los pilares del sistema: el Estado (atentados contra personajes políticos como Martínez Campos, Cánovas o Alfonso XII), la burguesía (bomba en el Liceo de Barcelona) y la Iglesia (atentados contra la procesión del Corpus). En el campo andaluz empezó su actividad violenta el grupo anarquista “Mano Negra”. Esta situación provocó una fortísima represión por parte del Estado.

-Socialismo marxista: no rechazaban el poder y el Estado, sino que creían que ambos debían estar en manos del pueblo y la clase trabajadora, por lo que participaban en política y en las elecciones. En consecuencia, a parte de sindicatos, fundaron también partidos políticos. En 1879 Pablo Iglesias creó en Madrid la “Agrupación Socialista Madrileña” que luego se convirtió en el Partido Socialista Obrero Español (P.S.O.E.). En 1886 se fundó el primer periódico marxista, “El Socialista”, y dos años después surgió el sindicato Unión General de Trabajadores (U.G.T.). El socialismo español caló sobre todo en Euskadi, Asturias y Madrid y se mostró siempre más moderado que los anarquistas. Rechazaba el terrorismo y participaba en las elecciones, aunque el sistema caciquil impidió su entrada en el congreso hasta que en 1910 Pablo Iglesias consiguió el acta de diputado.

Como respuesta a la presión creciente del movimiento obrero, el Estado comenzó en esta época a desarrollar las primeras legislaciones de protección social, que resultaron insuficientes. Aún así, el gobierno creó la “Comisión de Reformas Sociales”, que sirvió para promulgar las primeras leyes que regulaban el trabajo de los niños, la creación de asilos para los inválidos por el trabajo o las condiciones de los barrios obreros.

                     


A comienzos del siglo XX la presión obrera favoreció la implantación de mejoras sociales por parte de los gobiernos de la época (reformas de Maura y Canalejas). Mientras tanto, el movimiento obrero se iba consolidando tanto entre los jornaleros agrarios como entre los obreros industriales; prueba de ese fortalecimiento fueron los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona (1909) y la Huelga General de 1917. Estas huelgas y rebeliones obreras se produjeron como respuesta a una grave crisis: la primera como oposición a la llamada de soldados reservistas para la guerra de Marruecos, la segunda frente a la subida de precios provocada por la Primera Guerra Mundial. Los años posteriores a la Gran Guerra continuó la inflación y la conflictividad obrera, especialmente en Cataluña, donde hubo una verdadera lucha social entre obreros radicalizados y burgueses dispuestos a crear grupos armados que atemorizaran a los huelguistas (Somaten). En estos años, los años del pistolerismo patronal en Barcelona, tiene especial importancia la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) anarquista, mientras que los marxistas más radicales se separaban del PSOE y fundaban el Partido Comunista de España (PCE).