Bosques de España


Península Ibérica desde satélite

España es uno de los países de Europa con mayor superficie forestal, algo más de 26 millones de hectáreas, de las que más de la mitad, casi 15 millones de ha, son superficie arbolada. Es además la mayor reserva de biodiversidad de Europa, es decir, cuenta con la mayor diversidad de especies vegetales y animales de todo el continente y la presencia de numerosos endemismos.
Su relieve y su posición geográfica explican la existencia de una gran variedad de formas vegetales que podemos agrupar en tres grandes áreas:

-El dominio eurosiberiano (ver mapa inferior). Corresponde a la zona de los Pirineos y la cornisa cantábrica. En estas zonas predomina un clima de tipo oceánico o atlántico, sin altas temperaturas en verano y con precipitaciones bien repartidas a lo largo del año, siendo mínimo o inexistente el estiaje (sequía) en verano. En esta zona las especies más abundantes son caducifolias: el roble carballo (Quercus robur) y el haya (Fagus sylvatica). También abunda el castaño (Castanea xativa), el abedul o el abeto blanco (Abies alba), este último es una conífera de hoja perenne que se sitúa en las montañas pirenaicas, con frecuencia mezclado con el haya. En esta zona de clima oceánico el matorral suele incluir especies como piornales, brezales o tojos, aunque bajo los hayedos el sotobosque o matorral es casi inexistente porque los árboles no dejan apenas paso a la luz del sol. Dos ejemplos magníficos de bosque atlántico son el robledal de Muniellos o el hayedo de Irati.


Castañar

-El dominio mediterráneo (ver mapa inferior). Corresponde al resto del territorio peninsular español y las Islas Baleares. Este enorme territorio cuenta con un clima mediterráneo caracterizado por un verano cálido y seco en el que, sin embargo, podemos distinguir diferentes variantes, que van desde un clima mediterráneo bastante árido (muy seco) a otras zonas con mucha influencia continental en las que los inviernos pueden ser bastante fríos. En esta área el árbol rey es la encina (Quercus ilex), que se adapta a todos los tipos de suelo. En el suroeste (Extremadura y Andalucía occidental) la encina comparte espacio con el alcornoque (Quercus suber), árbol especialmente preparado para enfrentarse al fuego gracias a su capa aislante (corcho). Aunque se da también en la España silícea, el quejigo (Quercus faginea) crea grandes masas boscosas en las zonas calizas del centro y noreste peninsular. Otras especies frecuentes en el clima mediterráneo son el acebuche o el algarrobo, ambos muy resistentes a la sequía, y la sabina, frecuente en las altas mesetas del este y centro peninsular. En las áreas de montaña y en las zonas de transición con el clima oceánico los veranos son más frescos y las precipitaciones son mayores; en estas zonas aparecen bosques de roble rebollo o melojo (Quercus pyrenaica) y castaños; al contrario que las especies mediterráneas típicas, que son de hoja perenne, ambos son caducifolios. En el área mediterránea también hay presencia de coníferas de hoja perenne como el pino albar en zonas de montaña del centro o el pino carrasco en áreas secas del sureste peninsular. Entre los bosques mediterráneos más representativos estaría la Sierra de los Alcornocales o las sierras de San Pedro y Villuercas en Extremadura.
Los bosques de ribera están formados por especies como el aliso, el sauce, el chopo o el fresno.
En lo referido al sotobosque o matorral, este es muy rico en el dominio mediterráneo y tiene un carácter xerófilo (soporta la sequía): en las zonas occidentales se denomina maquia y es frecuente la jara, la retama o el lentisco, apareciendo el brezo o el madroño en los terrenos más frescos; en las zonas orientales se denomina garriga y es frecuente el romero, el espliego o la ailaga.

Vegetación potencial de la España peninsular

-El dominio macaronésico corresponde a las Islas Canarias. Este área está determinado por un clima subtropical, con temperaturas suaves en invierno y precipitaciones poco abundantes, especialmente en el este del archipiélago (islas de Fuerteventura y Lanzarote). Su vegetación se caracteriza por sus numerosos endemismos y depende de la altitud y la orientación del relieve (ladera sur más seca, ladera norte más húmeda). En las zonas bajas más secas predominan los matorrales xerófilos, mientras que en las áreas más húmedas de la costa norte de algunas islas aparecen árboles como la palmera, el drago, la sabina o el acebuche. En los terrenos más húmedos y altos se sitúa la laurisilva, un bosque muy tupido y denso que en altitudes más elevadas es sustituido por los bosques de pino canario, árbol especialmente resistente al fuego. Entre los bosques más característicos de la islas estaría el de laurisilva en el Parque Nacional de Garajonay.


Bosque mediterráneo extremeño
En la región extremeña. presenta una gran superficie arbolada, ya que a las masas boscosas propiamente dichas, se añadiría el área ocupada por las dehesas, una eficaz forma de compaginar el mantenimiento del bosque con la actividad económica humana: pastos para el ganado, caza, corcho, leñas, etc. (ver vídeo sobre la importancia de la dehesa). En nuestra comunidad, que pertenece al dominio mediterráneo, predominan los bosques de encinas y alcornoques, destacando los bosques y dehesas de la Sierra de San Pedro, Villuercas, Sierra de Tentudía y Sierras del suroeste de Badajoz. Sin embargo, en el norte montañoso y en pequeñas zonas del centro y sur (sierras de Villuercas, Montánchez y de Tentudía) aparecen bosques caducifolios de robles rebollos y castaños, especialmente abundantes en las comarcas de La Vera, Valle del Jerte, Valle del Ambroz y Sierra de Gata. Un ejemplo de estos bosques de hoja caduca es el castañar de Hervás, muy bien conservado. Las repoblaciones de eucalipto y pinos no son relevantes, salvo en la comarca norteña de Las Hurdes y en la Siberia extremeña, en el extremo este (ver mapa inferior de elaboración propia).
Un símbolo de nuestros bosques son los árboles singulares, son árboles protegidos por tener unas características especiales: su tamaño, su antigüedad o su escasez. La Junta de Extremadura ha otorgado esta protección a más de treinta repartidos por toda la geografía extremeña.




Pero nuestros bosques sufren importantes problemas que amenazan su futuro:
-el retroceso del bosque autóctono, sustituido por especies de crecimiento rápido que con frecuencia deterioran el suelo pero que son más rentables para la industria maderera (pinos) o papelera (eucaliptos). Las principales repoblaciones se han hecho con especies como el pino rodeno, el eucalipto o el pino radiata (ver mapa inferior de elaboración propia).
-la falta de bosques viejos, de gran valor ecológico. En España los bosques antiguos representan una mínima parte del total, entorno a 89.000 ha.
-En los últimos 20 años el porcentaje de árboles afectados por la defoliación ha pasado del 12% al 20%. Las principales causas son la sequía y el cambio climático, la contaminación y la lluvia ácida. Un caso especialmente grave es la seca de la encina o el alcornoque, enfermedad que ha provocado la muerte de millones de árboles en las últimas décadas en La Mancha, Extremadura y Andalucía.
-Los incendios forestales son una grave amenaza para nuestros bosques y han provocado ya la pérdida de más de un millón de hectáreas en los últimos veinte años. La introducción de especies alóctonas de crecimiento rápido como el pino o el eucalipto favorece la extensión de los incendios, pero también la presión urbanística derivada del desarrollo turístico y el abandono de los campos y la reducción del pastoreo, que eliminaba la maleza y evitaba la propagación del fuego.