BLOG DIDÁCTICO DE JUAN CARLOS DONCEL (IES SIERRA DE SAN PEDRO. LA ROCA DE LA SIERRA, BADAJOZ)

Campo de concentración franquista de Castuera

Durante la Guerra Civil Española (1936-39) y conforme el ejército rebelde fue ocupando nuevos territorios se fue generando un importante problema con los prisioneros de guerra y los detenidos políticos. Desde el principio se crearon centros de detención arbitraria improvisados que posteriormente fueron reorganizados, especialmente después de la creación en julio de 1937 de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros. A partir de entonces el sistema de campos de concentración franquista se dotó de una estructura estable y centralizada. En estos campos llevó a cabo una doble labor: por un lado el adoctrinamiento y la reeducación, y por otro lado el suministro de trabajadores forzados para los Batallones de Trabajadores, que realizaron obras civiles y militares durante y después de la guerra. Precisamente en septiembre de 1939 se creó con este último fin el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas.

Pedestal de la Cruz que presidía el campo de concentración de Castuera (fuente: www.amecadec.org)
En Extremadura los primeros centros de detención franquistas aparecieron en los comienzos del conflicto; fueron centros improvisados y temporales como el cuartel de La Bomba y la Plaza de Toros en Badajoz, el cuartel de Artillería de Mérida, la prisión provincial de Cáceres o los depósitos locales de Plasencia y Trujillo. Apartir de verano de 1937 alguno de estos campos se convierten en instalaciones presidiarias permanentes, es el caso del cuartel de La Bomba o el cuartel de Artillería de Mérida, y a la vez surgen otros como las plazas de toros de Trujillo y Plasencia y el cortijo de Los Arenales en las cercanías de Cáceres.



La caída del frente extremeño y el final de la guerra en marzo-abril de 1939 supuso un incremento sustancial del número de presos lo que obligó a adecuar nuevos campos de concentración en los territorios de "La bolsa de la Serena", es decir, el territorio del noreste de la provincia de Badajoz que permaneció durante toda o buena parte de la guerra en manos republicanas. Un ejemplo fueron los habitalitados en Casas de Don Pedro, Cíjara, Castiblanco, Valdecaballeros y un largo ecétera. De entre todos ellos cabría destacar, por su tamaño y duración, el CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE CASTUERA.


La construcción del Campo de Concentración de Castuera data de la segunda mitad de marzo de 1939. Era un espacio irregular con más de 70.000 m2, con ochenta barracones aislados por doble línea de alambrada y un foso intermedio. A lo largo del tiempo que permaneció en funcionamiento, cerca de 10.000 prisioneros civiles y militares pasaron por sus instalaciones. De hecho, según la documentación manejada por José Ramón González y Antonio D. López había en abril de 1939 un total de 5.950 prisioneros en el Campo.

Vista aérea del campo (fuente: www.memoriahistoricaextremadura.es)
El campo de concentración de Castuera funcionó hasta su cierre en marzo de 1940 como espacio de internamiento, clasificación, reeducación y explotación laboral de los prisioneros de guerra pero también como lugar de represión comarcal. Los presos fueron sometidos a maltrato físico y sicológico, soportando durísimas condiciones de vida a merced de la arbitrariedad de los guardianes.
A los prisioneros se les obligaba a participar en los actos civiles y religiosos que se celebraban delante de la cruz, en el espacio central del campo, y que tenían como objetivo someter y reeducar a los recluidos. Los presos más significados con el régimen republicano eran eliminados por los falangistas encargados del Campo o sacados y paseados por otros falangistas de la zona. Entre los asesinados más significativos estuvo José González Barrero, último alcalde republicano de Zafra. Según cuentan algunos supervivientes, otra forma de eliminación de presos fue la “cuerda india”, que consistía en arrojar a las minas cercanas (La Gamonita y Tetuán) a grupos de prisioneros atados unos a otros, a los que después, para asegurar su muerte, se les lanzaban bombas de mano.
Muestra de las duras condiciones de vida en el Campo fue la alimentación, siempre insuficiente, limitada a una comida diaria, generalmente fría y a base de pan negro y una sardina o un puñado de garbanzos. Solo algunos presos recibían de sus familias viandas suplementarias en los días de visita autorizados, generalmente tras corromper a los guardianes.
La falta de higiene y el hacinamiento en los barracones permitió la proliferación de enfermedades como el tifus, la sarna o la viruela. La falta de salubridad se acentuaba con el calor veraniego que convertía en insoportables la condiciones de vida dentro de los barracones.

Fuente: Catálogo de la Exposición El sistema de campos de Concentración franquistas, el campo de concentración de Castuera. Mérida, 2009.
Son numerosos los TESTIMONIOS que se conservan sobre la vida en el campo. Entre ellos podemos destacar los de Rafael Caraballo (que puede ser consultado en Wikipedia) y el de Albino Garrido. Albino Garrido fue voluntario en el ejército republicano y sirvió en el frente de Extremadura. Con el final de la guerra, varios soldados de la 41 división republicana fueron recluidos en Castuera, entre ellos Albino. Contaba que muchos de los guardianes eran falangistas y tenían libre acceso a los barracones, siendo frecuentes los maltratos a los prisioneros. Nacido en Ávila, Albino contaba que se cebaban especialmente con los extremeños, a los que propinaban numerosas palizas y a los que amenazaban con "zurrar" antes de fusilarlos. A comienzos de enero de 1940, Albino comenzó junto a otros cinco prisioneros una audaz fuga del Campo: atravesó la Península en 77 días hasta alcanzar la frontera francesa. Allí volvería a huir tras la invasion alemana. En el completo trabajo sobre el Campo de Antonio D. López que citamos más abajo aparecen varios testimonios de Albino Garrido, como este verdaderamente desgarrador: Un día, estando en la barraca, vimos pasar a los falangistas con un cadáver envuelto en una manta. Reconocimos la manta. Pertenecía a Isaías Carrillo Sosa, era de Almendralejo, provincia de Badajoz. Antes de haberle llevado a la barraca número ochenta, la de los incomunicados, estaba con nosotros. Cuando al grupo nuestro nos llevaron a la ochenta, nos enteramos cómo le mataron. Estaba matando piojos a la luz de la ventana y el falangista de guardia frente a la barraca disparó y le mató. 

Modelo de barracón según la inspección de campos de concentración (fuente: www.1936laserenalosmonegros.es)

Para conocer con más profundidad el tema de los campos de concentración franquista en Extremadura y en concreto sobre el de Castuera es recomendable consultar algunas páginas interesantes como la de la Asociación Amecadec, la del proyecto Comarcas Serena-Monegros o la del Proyecto para la recuperación de la memoria histórica en Extremadura. Al margen de la red, los estudios sobre el sistema concentracionario extremeño de José Ramón González y el minucioso trabajo de Antonio D. López sobre el campo de Castuera  (Cruz, bandera y caudillo. El campo de concentración de Castuera. Badajoz, 2006) nos permiten profundizar en este tema.